A veces ni yo misma se como puedo seguir viviendo, como puedo levantarme, bañarme, vestirme, comer, salir, como puedo conversar, sonreir, caminar, trabajar…. A veces no se hasta cuando voy a poderlo hacer, hasta cuando voy a poder soportar, no se… solo Dios sabe
Ultimamente he visto muchas chicas como de la edad de Maye, en Misa había una que especialmente me recordó tanto a mi reina, tenía una vincha de tela, esas tipo pañuelo como las que usaba mi reina, estaba con su mamá y se abrazaban, la mamá la acariciaba, la besaba y yo las miraba, envidiosa, celosa de no poder hacer lo mismo con mi gorda, de no verla, de no poderla abrazar, ni besar, de ya no tenerla conmigo para compartir mi vida, especialmente ahora que siento que he aprendido tanto, que veo y vivo la vida diferente, a ella le hubiera encantado, porque ella era así, sensible, generosa, preocupada por todos, pendiente del resto, de hacer sentir bien a todos, de hacer feliz al mundo.
Estos días me he quedado sola con Dieguito, Martin y Alvarito se han ido a Cuzco, el lunes fue mi noche de prueba, el bebe se durmió temprano, así que pude meterme a la cama antes de las 9:30, leí un poco, recé, prendí la tele para que me acompañe. El gordo se despertó y lo pasé a mi cama, por lo menos su pequeña compañia me ayudó, tanto, que lo he acostado en mi cama todos los días para sentirme acompañada. He tratado de no pensar mucho, pero es imposible no hacerlo, pensaba que si mi reina estuviera, ya estaría metida en la cama conmigo, hubiéramos conversado y le hubiera acariciado su cabeza para que se durmiera. Que sola me siento, que silencio, que vacío, así me siento siempre que Martin y Alvarito salen, una soledad horrible, es tan raro, hace poco que Maye estaba con nosotros, hace poco que se escuchaba su risa, sus cantos, su musica, donde se fue?? Por qué tenía que ser justamente ella la que enfermara? Ese maldito tumor que pudo más que todos los avances de la ciencia, que todos nuestros esfuerzos, que todas nuestras oraciones, el maldito cancer que viene silencioso, sin ningún reparo, no discrimina y se lleva a la gente que amamos, los va consumiendo por dentro y tomando por completo. La muerte parecía tan lejana, ahora, es parte de mi vida, vino y se quedó para siempre, esta presente cada día, porque cada día vivo la muerte de mi hija, cada día vienen a mi los recuerdos, los vivo una y otra vez, sin embargo, tengo que hacer un esfuerzo mayor ahora, porque tengo que levantarme y seguir adelante, como si nada hubiera pasado, y llevar por dentro este dolor que me mata.
Mientras manejaba pensaba en todo esto y le pedía a Dios que por favor no me dejara, que me diera esa fuerza sobrenatural que es lo único que me ayuda a seguir de pie, a entregarme a los demás dejando de lado mi dolor, que es lo que me da paz, esperanza, paciencia, porque sé que yo sola no puedo. De pronto se me vino a la mente el mensaje que leí un día en mi librito “La Imitación de Cristo”, el dolor me mataba y le pedí a Jesús que me hablara, abrí el librito y ahí estaban sus palabras, rescato estos párrafos:
“Prepárate a sufrir muchas contrariedades y diversas molestias en esta vida miserable, porque así sera donde quiera que estuvieras, y así te pasará en cualquier sitio donde te escondieres. Así será, y no hay remedio para la tribulación y el sufrimiento que tener paciencia y soportar con valentía y esperanza, por amor a Dios.
Bebe con alegría el cáliz de amargura que el Señor te ofrece si quieres tener parte con Él en la Gloria que nunca termina”.
“Ninguno es capaz de comprender las cosas celestiales si no acepta sufrir adversidades por amor a Cristo.
No hay cosa más agradable a Dios ni más provechosa para tí en este mundo que padecer gustoso por Cristo las adversidades que te sucedan. Y si te pusieran a escoger entre padecer por Cristo y gozar de dulces y abundantes consuelos, más deberías escoger estos sufrimientos, porque sufriendo te haces más semejante a Jesús doliente y sacrificado por nosotros, y tu vida se asemeja así mucho más a la de los santos que por Cristo padecieron.
Porque no consiste nuestra perfección en gozar de agradables consolaciones, sino en saber soportar con paciencia y por amor de Dios las tribulaciones y penas que nos llegan.
Si hubiera algo más útil para nuestra santificación que el sufrir con paciencia, seguramente Jesucristo nos lo habría dicho con sus palabras y con su ejemplo.
Pero a cada uno de sus discípulos y a todos los que quieren seguirlo, los exhorta a llevar la cruz con estas palabras: “El que quiera venir a donde yo voy, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16, 25)”.
Increíble no? como escrito para mí, preciso, pude haber abierto otra página, pero estoy segura de que Jesús me quiso hablar y me dijo lo que necesitaba. También recordar esto en el carro no es casualidad, es la manera como Él me habla, a través de mis pensamientos, recordándome lo que ya me ha dicho antes y logrando una vez mas, darme esa paz, ese consuelo. Tengo que tener paciencia, pero es tan dificil, siento que viene y va, es un sube y baja, todavía no logro mantenerme en un mismo estado, pero tengo Fe que algún día lo lograré, con la gracia de Dios.
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